miércoles, 20 de agosto de 2008




Podrían haber sido familia

Podrían haber sido familia. Una suerte de tío lascivo y bebedor que reía a mandíbula batiente agarrando los dibujos de su sobrino enclenque y genial. Podrían haber sido familia. Uno, referente de la Beat Generation, máximo exponente del realismo sucio en literatura. Su estilo, inconfundible, irreverente y bastardo, pero al mismo tiempo repleto de autenticidad. El otro, gurú del comix underground, libidinoso y surrealista, sin dejar de tocar el suelo con historias que respiran realidad. Podrían haber sido familia.

Leer a Bukowski sin duda marcó un antes y un después en mi apreciación de la literatura. Obras como Mujeres, Factotum, Pulp, Escritos de un viejo indecente, Erecciones eyaculaciones, exhibiciones o la última novela del viejo Hank, El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (deliciosamente ilustrada por Crumb) dan cuenta de lo que para Bukowski era el ejercicio literario. Martillear la máquina hasta que explote. Largas horas (siempre de noche) frente a la máquina y con el whisky al lado, hasta quedarse vacíos, escritor y botella.

La presencia de Crumb en el cómic ha tenido una repercusión todavía mayor que la de Bukowski en literatura. Crumb puso el cómic boca abajo, adoptando una visión nueva y refrescante en un medio dominado durante 30 años por historias de superhéroes. La importancia de Crumb le sitúa en el panteón de los más grandes, junto a Eisner, Hergé, Breccia, Moore, Escobar o Vázquez.

Estaba revisando uno de los últimos álbumes publicados por Robert Crumb, The Sweeter Side of Robert Crumb (2006), allá en su apacible retiro francés. La faceta paisajística es sin duda la menos conocida de Crumb.


lunes, 18 de agosto de 2008

¡Que no te entiendo leche!


Lo acabo de ver en La Cárcel y me he partido de risa. Y conseguir eso cuando uno está acabado de levantar, tiene mérito. Ale, ya me dirán.

domingo, 17 de agosto de 2008

Las dichosas fotos


Estoy torcidito. Ayer, que si la reseña de El País. Y para colmo la chorrada de las fotos rasgándose los ojos. Ale, venga a salir fotos de selecciones españolas haciendo la tontería. Pero lo que es el colmo es la pléyade de declaraciones de los "políticamente correctos" en USA. Que si Gasol tiene que pedir disculpas, que si es una falta de respeto, que si la gran comunidad asiática de Los Ángeles, bufff. Y todo porque un periodista deportivo inglés hizo saltar la liebre al filtrar las imágenes. Y ya estamos recordando lo de Luis Aragonés, los gritos en un partido amistosa contra algunos jugadores negros de la selección inglesa, el meollo de Hamilton en Barcelona...Vale, las fotos no han sido un acierto (el patrocinador de marras es un lince el tío), ¡pero no nos pasemos!

Por mi parte, me quedo con Santi Orúe, ale, ¡chuparos ésa!

sábado, 16 de agosto de 2008

Y dale con las comparaciones

Ya estamos otra vez con las comparaciones entre distintas disciplinas, distintas manifestaciones artísticas en las que (vaya usted a saber por qué) el cómic siempre resulta ser el elemento de la comparación en negativo. Esta vez es una crítica en El País de Roger Salas sobre un montaje de danza basado en las series negras de Francisco de Goya. Es evidente que el espectáculo no le ha gustado a este señor y se despacha a gusto con lo que para él es desvirtuar la obra de Goya. Me parece perfecto porque ni soy crítico de danza ni estoy en disposición de discutirle a Salas si es un buen o mal montaje.

Lo que sí estoy en disposición de criticar es el título del artículo "Goya como un cómic oscuro". En principio, nada negativo en esa frase. Pero cuando llegamos a este párrafo, que es el que relaciona el título y la comparación del montaje con el cómic, ya la cosa no está tan clara:

Refugiada en lugares comunes, la obra Goya, el sueño de la razón produce monstruos recurre a imágenes soportadas por un amplio aparato audiovisual (muy bien realizado en lo estrictamente técnico por Álvaro Luna), que manipula en exceso la obra del pintor aragonés hasta convertirla en una especie de cómic oscilante. Así, se mezclan las imágenes, se cambian las composiciones originales, se hace bailar a ciertos dibujos y hasta se hacen collages con los rostros del Aquelarre.

Obviamente, habría que ver el espectáculo para saber a qué se refiere con eso de "una especie de cómic oscilante". Lo que me llama la atención es que de toda la crítica que realiza el articulista, de todas las pegas que le ve al montaje, los diversos errores en la coreografía, en el uso de unas castañuelas metálicas, etc, etc, parece que lo que resume el citado (y al parecer pobre) montaje de Miguel Ángel Berna es que se parece a un cómic. A un cómic oscuro. Si esto no es vender noticias soltando carnaza, ya me dirá usted. ¿No había otra forma de titular esta reseña? ¿Realmente el titular da buena cuenta del texto de Roger Salas? A fé que no. Si alguien ha estudiado un poco de periodismo sabrá que de los titulares muchas veces cada una hace de su capa un sayo. Este titular sí es pobre. Muy pobre. Ni resume la reseña, ni aborda el texto en su esencia, ni siquiera es afortunado en la comparación. ¿O sí? Porque si lo que pretendía el autor era rasgarse las vestiduras ante un ataque (de tintes posmodernos) a la obra de Goya y relacionarla con un ¿género menor? ¿medio? como el cómic, entonces lo ha conseguido. Lo que pasa es que uno está ya bastante curadito en salud ante estas comparaciones y, sinceramente, me la traen al pairo.

viernes, 15 de agosto de 2008

Origen y desarrollo de los globos o bocadillos


Por la casa de Pepo Pérez (Con C de arte) andamos debatiendo sobre un tema que no es nuevo y que pese a todo, todavía presenta varias lagunas y alguna que otra confusión. Me refiero a la historia de los bocadillos o globos, como prefieran llamarlos. Así como se tardó lo suyo en corregir esa afirmación a la ligera de que el cómic en sentido moderno nació con el Yellow Kid de Richard Outcault, algo parecido ocurre con la "invención" del bocadillo. Tampoco es mérito de este excepcional artista la creación o el uso generalizado del bocadillo en las tiras cómicas. Hacía referencia Pepo a un artículo de Thierry Smolderen en el Comic Art n.8 (verano 2006) titulado "Of Labels, Loops, and Bubbles. Solving the historical puzzle of the speech balloon". El texto de Smolderen es un ensayo de tres pares de pepinos que deja pocas dudas sobre el origen del bocadillo y su vinculación con las filacterias medievales, pasando por las ilustraciones satíricas de los siglos XVIII y XIX, hasta llegar a principios del siglo XX, cuando una serie de inventos tecnológicos (la invención del fonógrafo de Edison en particular) abren nuevas posibilidades para la representación del habla en las historias contadas a través de imágenes.

Smolderen hace lo que hasta ahora (aunque no estoy seguro, corríjanme por favor) creo que nadie había hecho y es explicar las distintas funciones de las filacterias medievales, los labels de la prensa satírica inglesa del XVIII y XIX y el contexto en el cual se crearon. Dice Smolderen que desde el siglo XVII y hasta las litografías de Currier e Ives de 1860 la gran mayoría de las imágenes satíricas en las que aparecían estas etiquetas (con forma de pergamino) en el contexto anglosajón eran alegóricas en su naturaleza y procedían de la fascinación del Barroco por los emblemas. Las construcciones alegóricas (sigue Smolderen) no contienen nada vivo o natural. Al contrario, existen como los acertijos y los enigmas en una dimension sin espacio ni tiempo, en la que ningún sonido podría transmitirse. Se refiere el autor a que esas etiquetas no representan un acto de habla sino nociones atemporales, eternas, más relacionadas con las enseñanzas alegóricas del Barroco a través de un código de signos (una hermeneútica al fin y al cabo), como ocurría con la representaciones religiosas por ejemplo.

Aquí abajo un ejemplo que por su rareza, resulta interesante. Es de Charles Rees, publicado en el New York Herald en 1902. Los cartuchos o cartelas (el texto al pie de las imágenes) contradice la historia que narran las imágenes y los globos.


Uno de los puntos más interesantes es cuando el propio Smolderen corrige a David Kunzle, cuando este último afirma que en el Popish Plot (circa 1682) de Francis Barlow es el primer ejemplo en el que se utilizan bocadillos de manera consistente. La obra de Barlow es una joya histórica que bien vale la pena estudiar. Sobre el año 1682 se publican estas dos planchas tituladas A True Narrative of the Horrid Hellish Popish Plot, a raíz de un episodio de histeria contraria al Papa, conocido por los historiadores como Popish Plot. Barlow realizó estos dos grabados que en orden secuencial relatan los acontecimientos a través de cuadros de imágenes con texto. Sin embargo, como bien apunta Smolderen, esta obra continúa una tradición que llama "Execution Prints", un género de narrativa pictórica que a nivel impreso recoge toda una liturgia ritual en los procesos de tortura política, enjuiciamiento y ejecución. Esta ritualización de la tortura, el juicio público y la posterior ejecución está magistralmente tratada en el libro del filósofo francés Michel Foucault, Vigilar y castigar.


Me da la impresión de que Smolderen relaciona las "Execution Prints" con algo que nos toca más de cerca, las aucas y/o las aleluyas. No menciona este aspecto Smolderen pero sí dice que Barlow y sus contemporáneos vislumbraron un nuevo medio para contar historias, el juego de cartas, en el que cada carta contenía una imagen de manera muy similar a las secuencias del Popish Plot.

Por tanto, antes de 1900, dice Smolderen, las filacterias se limitaban a enunciar (no contar), por lo que su función era más la de ayudar en el proceso de decodificación del mensaje, que guiar (junto con los dibujos) la lectura a través de actos de habla como ocurre en la historieta actualmente.


No se olvida el autor de la aportación de Topffer ni de la de Outcault, pero recalca que el autor que se encargó de sistematizar el uso de los bocadillos, de una manera diferente a las filacterias, representando actos de habla de cada personaje y no ya la voz del artista-grabador, fue Frederick B. Opper con su Happy Holigan a principios del siglo XX.

Abajo, un ejemplo del artista Harry Grant Dart, publicado el 26 de octubre de 1911 en Life Magazine. El caos visual representa la competencia de mensajes en el espacio urbano. Publicidad, virtuosismo gráfico y sátira social del New York de principios de siglo.


El artículo de Smolderen son 22 páginas profusamente ilustradas. Todo un ejercicio de investigación de uno de los elementos más importantes de la historieta. Desde mi humilde opinión lo mejor que he leído de este asunto.

martes, 12 de agosto de 2008

"HERE" de Richard McGuire

El número 8 de Comic Art (ahora bajo el sello editorial Buenaventura Press) entre sus minuciosos artículos y sus reproducciones de altísima calidad (tanto por la valía de los autores como por su cuidado papel e impresión) contiene una de las historietas más innovadoras que he leído en los últimos años. "HERE" de Richard McGuire, publicada originalmente en RAW vol. 2 no. 1 de 1989, es prueba inequívoca de cómo derribar los aparentes límites expresivos del lenguaje de la historieta. El cómic viene precedido de una introducción a cargo de Chris Ware, (quien reconoce que McGuire es una de sus grandes influencias), que destaca la originalidad a nivel formal de la historieta, emparentándola con algunos ejemplos anteriores en la misma línea, como "Malpractice Suite" de Art Spiegelman en 1976, las tiras cómicas del autor holandés Marc Smeets o "A Short History of America" de Robert Crumb en 1979.

Ware no se anda con tapujos al considerar a McGuire como un genio "Personalmente, creo que es un genio, que transforma cualquier medio en el que trabaja en un lenguaje personal y propio. Lo que dio a cada lector con "Here" fue una mirada personal y única de ver la vida, además de (al menos para este historietista) suponer un cambio en la vida".

Lo que hace McGuire con esta historieta es volar por los aires la idea tradicional de secuencia, de linealidad, de temporalidad, tal y como se estructura la narrativa en sentido clásico. Al estilo de James Joyce, Virginia Woolf o posteriormente Vladimir Nabokov en literatura, que se encargaron de cuestionar los grandes relatos finiseculares con el punto de vista omnipotente del narrador, McGuire realiza una suerte de torrente de conciencia, mezclando pasado presente y futuro a través de un tamiz diferente, el espacio. El lenguaje de la historieta se ha dicho en muchas ocasiones, tiene más que ver con la temporalidad que con el espacio, con la secuencia más que con el lugar. Sin embargo, como ya apuntara Michel Foucault el tiempo ha recibido siempre un trato preferencial por la filosofía en detrimento del espacio, considerado inerte, estático per se. Con "HERE", McGuire funde espacio y tiempo, demostrando posibilidades únicas para el lenguaje de la historieta. Desde millones de años atrás hasta el año 2033, la historia discurre, a través de 6 planchas (¿cuántas viñetas?) con la única constante de un espacio definido y a la vez móvil: el rincón de una casa.

Disfruten.






domingo, 10 de agosto de 2008

Hablar con los pies


ARES, Arístides Esteban Hernández Guerrero, para La Jiribilla

sábado, 9 de agosto de 2008

Superman al descubierto



Fantástico documento histórico el que viene en un artículo de Newsarama, sobre la correspondencia entre los editores de DC con los creadores de Superman, Jerry Siegel y Joe Shuster. No tiene desperdicio. Las "recomendaciones" de los editores van desde dibujar un Superman menos gay hasta reducir la tripita de Lois Lane para no meterse en líos con la moral del momento. ¡Lois Lane embarazada de Superman! "Venga, ale, me quitáis ya esa barriguita y ¡quiero cinturita de avispa! ¡¿Me habéis oído!? Bueno, no lo dicen así pero no falta poco.

Los profesionales de Entrecomics han traducido ya una carta y lo seguirán haciendo los próximos días. Qué bien trabaja esta gente.

Para leer la correspondencia original pinchen en la imagen.

(vía Entrecomics)

jueves, 7 de agosto de 2008

La crisis económica según Malagón

No es cuestión de ponerse tremendistas con la crisis. Que no. Pero que la cosa está muuu malita, eso lo saben hasta en la China, que menudo tinglado tienen con las Olimpiadas. En estos casos lo mejor es desestresar con el poder curativo de la risa. Reírse de uno mismo, vamos. O mejor, reírse de los políticos que nos gobiernan que, la verdad, son de chiste.

Qué bueno, Malagón...

miércoles, 6 de agosto de 2008

Robin Wood. El nombre de la aventura


El número 30 de la Revista Latinoamericana de Estudios Sobre la Historieta viene (como una seña del destino) con un magnífico artículo sobre Robin Wood a cargo de los investigadores Andrés Colmán Gutiérrez y Roberto Goiriz. El título no puede ser más acertado: "Robin Wood. El nombre de la aventura"

Los autores, tras reconocer el obstinado olvido al que ha sido sometido Wood en su patria natal, Paraguay, hasta hace poco más de 8 años, clarifican ciertos datos de su biografía, además de hacer un recorrido detallado de su producción desde su ópera prima, Nippur de Lagash, hasta sus más recientes trabajos. Entre estos últimos se encuentra Warrior-M (dibujada por Roberto Goiriz), Hiras (inicialmente dibujada por rubén Meriggi y luego por los lápices de Goiriz) y Joan (dibujada por Carlos Pedrazzini).

Warrior-M está "ambientada en el futuro cercano, en un mundo arrasado por la contaminación y la barbarie humana." Esta historieta se ha distribuido en el mercado norteamericano, según leemos (noticia de mayo del 2006) en LaNuez, por la editorial Open Book Press, bajo su sello "Smash! Comics"Por otro lado, Hiras, presenta las aventuras del hijo de Nippur de Lagash, que "vive en un mundo poblado de extrañas razas de vampiros , hadas y criaturas de las profundidades." La tercera de las historietas que recogen los dos investigadores es Joan, homenaje a su "ídolo de siempre" Joan Manuel Serrat. Se trata de un "alegre rufián que vive sus aventuras (todas o casi todas deshonestas) durante el período de la Guerra Civil Española." Para ver una nota de prensa con la presentación de estas tres nuevas historietas de Robin Wood en agosto del 2006 en la muestra de humor gráfico e historieta del Paraguay, llamada "Cháke!" pinchar aquí.

Listado que aportan los autores de los más de 50 personajes creados por Robin Wood, con cerca de cuatro mil guiones de historietas escritas y publicadas:

1) Nippur de Lagash
2) Jackaroe
3) Mi novia y yo
4) Big Norman
5) Harry White
6) Los aventureros
7) Pepe Sánchez
8) Los amigos
9) El Cosaco
10) Mark
11) Or-Grund
12) Kayan
13) Aquí, la Legión
14) Chindits
15) Dax
16) Savarese
17) Helena
18) Wolf
19) Gilgamesh
20) Dago
21) Largo Nolan
22) Ibáñez
23) Perú-Rimá
24) Holbeck
25) Mojado
26) Kevin
27) Troels
28) Morgan
29) El Ángel
30) Kozakovitch y Connors
31) Chaco
32) Morten
33) Nan-Hai
34) Port Douglas
35) Anders
36) Amanda
37) Danske
38) Raycon
39) Drácula
40) El Muerto
41) Morgan, el pirata
42) Martin Hel
43) El Ahorcado
44) Los Borgia
45) El Peregrino
46) Starlight
47) Dennis Martin
48) Ronstadt
49) Billy Grant
50) Isabella
51) Joan
52) Warrior-M
53) Hiras, hijo de Nippur

A esta larga lista, aunque incompleta, hay que añadir por lo menos la última creación de Wood, Víctor, que según el rotativo paraguayo Última Hora será editado por Planeta deAgostini y dibujado por Juan Rubí Puig. Pinchar aquí para leer la noticia de febrero de 2008: "El personaje de ciencia ficción fue creado en forma exclusiva para la editorial española Planeta de Agostini. Esta casa editora, una de las más grandes y prestigiosas de España, se encargará de publicar un libro, de unas 200 páginas, sobre el nuevo personaje, que estará ilustrado por un joven dibujante español llamado Juan Rubí Puig." Si alguien tiene alguna información más al respecto se lo agradecería. En la página web de Plantea no registran nada al respecto.

Con dos Yellow Kid a sus espaldas (1997, 2000), todavía en España esperamos que alguna editorial edite la obra Un giorno, un secolo, con la que Wood consiguió su segundo "Oscar" de la historieta. Son diez historias escritas por Wood y dibujadas Massimo Carnevale, Enrique Alcatena, Juan Vanni Zanotto, Domingo Mandrafina, Francisco Solano López, Carlos Gómez, Enrique Breccia, Jordi Bernet, Pino Rinaldi Y Ernesto Garcí Seijas.

Estigmatizado como "comercial" o "bestsellerista" por el también magnífico guionista Juan Sasturain (Perramus) en su libro El domicilio de la aventura, el tiempo inexorablemnete pone a cada uno en su lugar y el de Robin Wood debe estar sin duda en lo más alto de la creación historietística. Desde aquí hago una llamada desesperada a Planeta, Glénat, Panini, Astiberri, Ponent, Sin-Sentido...para que se lancen a la empresa (segura) de reeditar la obra de Robin Wood en España. Considerado por muchos el mejor guionista de historietas (junto con Oesterheld) de la historia, resulta cuando menos sorprendente que sea un gran desconocido en España.

martes, 5 de agosto de 2008

El cómic (normalizado) en vías de extinción


En un artículo para el especial dedicado al cómic del Boletín Galego de Literatura, Ana Merino se refiere a la pérdida del espacio masivo de la historieta, ocupado por otras manifestaciones culturales (o como queramos llamarlo) tales como los videojuegos o simplemente la televisión. Dice la autora: "El cómic infantil del siglo XXI perdió su espacio de popularidad que lo caracterizó y popularizó en el siglo XX. El entretenimiento masivo a través de los videojuegos y la televisión secuestró a la audiencia infantil lectora de cómics" [trad. mía]. Es una agria queja que compartimos todos los que valoramos y disfrutamos con este arte. Sin embargo, una especie de paradoja me viene a la mente. Ayer, estaba leyendo una entrada de Pepo Pérez en Con C de arte en la que directamente hablaba de una (ya conseguida) respetabilidad del medio, en contraposici'on a otras manifestaciones culturales (como los videojuegos) que todavía se consideran como mero entretenimiento. Decía Pepo: "Hoy, convertidos los tebeos en medio respetable, la peste es el cine-videojuego". Si antes las críticas más "ácidas" de la "inteligencia cultural" era comparar una mala película a un cómic, parece que se ha sustituido el segundo elemento (el cómic), por los videojuegos. ¿Quiere esto decir que YA ha conseguido la historieta esa esfera de respetabilidad? Tal vez es que yo soy un poquito pesimista al respecto pero estamos lejos de esa situación. Y todo ello pese a los enormes avances en la normalización del medio, que los ha habido y muchos.

Sin embargo, es cierto que en la actualidad los videojuegos han ocupado el espacio masivo del entretenimiento (y si ocurre desde una temprana edad como es el caso) y del aprendizaje. ¿Se puede aprender algo de los videojuegos? Seguro que sí. ¿Se puede uno tirar horas, días, semanas, meses dándole al botoncito para matar zombis? También. Lo que es innegable es que ahora los videojuegos son los reyes del espacio masivo. Están por todas partes, en cualquier casa hay una videoconsola y lo que es más importante, los referentes sociales del momento, los deportistas de élite (futbolistas principalmente), siempre aparecen en sus concentraciones o en su tiempo libre, dándole al botón. Es una escena recurrente ver a jugadores divirtiéndose con la consola y nunca se les ve hojeando un cómic.

Por lo tanto, ¿qué preferimos respetabilidad o difusión masiva? Ambas cosas, claro. ¿Pero la normalización de la historieta la salvará de su desaparición? Podemos caer en el error de creer que porque la historieta sea respetada ahora mucho más de lo que lo fue décadas atrás, eso se traduzca en una supervivencia (no ya vigencia) del medio. A priori sí, pero los que mandan son los consumidores y estos parece que están orientados decididamente más hacia otros menesteres. Así pues el título de Ana Merino no parece exagerado. Pero Merino va más allá y asegura que uno de los problemas de la decadencia del cómic ha sido justamente su instauración masiva en la sociedad. Al parecer una espada de doble filo. La masificación de la historieta, su uso planfletario en muchas ocasiones, sus motivos recurrentes estereotipados le privaron al medio, según Merino, de una respetabilidad como producto cultural. Así pues, una pescadilla que se muerde la cola. Sin ninguno de estos dos condicionantes, respetabilidad o implantanción masiva, la historieta queda como una especie en extinción.

Eppur si muove.

Desde muchos referentes sociales se habla de una historieta normalizada, aceptada y respetada en nuestro país, entonces ¿es realmente una manifestación cultural en extinción? ¿Es cierto que la audiencia infantil-juvenil se ha perdido en favor de los videojuegos y el cine? ¿Quien lleva entonces los salones de historietas como el de Barcelona? ¿Son todos talluditos treina-cuarenta-cincuentones coleccionistas que acuden a estos eventos rescatando parte de su pasado?

No me queda nada claro, ni la normalización ni la supuesta extinción del medio.

Comic Strips and Consumer Culture 1890-1945

Muy buena la lectura de Ian Gordon Comic Strips and Consumer Culture 1890-1945. (1998) Este profesor australiano de historia en la National University of Singapore ha conseguido colocar su libro entre los manuales básicos sobre la historieta en los últimos años. Una obra fundamental cuando se quiere aprender sobre el desarrollo del cómic norteamericano, desde sus inicios (en las revistas ilustradas), pasando por su implantación en prensa a finales del XIX , hasta llegar al formato comic book. Financiada su investigación en parte por la respetadísima Smithsonian Institution (que también ha publicado el libro), Gordon desarrolla una labor de investigación ingente, revisando 152 diarios en 1903, 161 en 1908 y 165 en 1913. Pese a esta exhaustiva recopilación de material, como él mismo reconoce, su labor está lejos de representar una visión totalizante de los comic strips de esos años, ya que en 1900 había 2.190 periódicos diarios en USA. Unas cifras mareantes.

Gordon acuña el término comic art form para referirse a toda aquella producción que consiste en comic strips, caricatura, viñetas editoriales, animación e historietas. Según esta idea, la comic art form se origina en el siglo XVIII cuando los artistas europeos añadieron una narrativa lineal y una expresión caricaturesca a las formas tradicionales de narración en imágenes. No se adentra en este tema pero se está refiriendo a los pliegos de cordel, los cantares de ciego o las imágenes de Epinal en Francia. Según Gordon, el elemento cómico diferencia a este tipo de narraciones gráficas de otras historias contadas con imágenes.

6 capítulos, además de introducción, epílogo y apéndice de circulación de periódicos a principios del siglo XX, junto con el aumento de la población norteamericana, dan forma a un libro que queda completo, razonado, argumetado y perfectamente sustentado con abundante material gráfico y estadístico.

Indexación:

1. From Caricature to Comic Strips: The Shaping of Comic Art as Commodity.
2. Comic Strips, National Culture, and Marketing: The Breadth of the Form.
3. Comic Art and the Commodification of African American Typographies: The Limits of the Form.
4. Comic Strips as Culture: From National Phenomenon to Everyday Life.
5. Envisioning Consumer Culture: "Gasoline Alley" and "Winnie Winkle", 1920-1945.
6. The Comic Book: Comics as an Independent Commodity, 1939-1945.
Epílogo: The Persistence of Comic Art as Commodity.

La hipótesis básica de la que parte el libro es la consideración de esta comic art form como una commodity, esto es un producto, un artículo más de la sociedad de consumo, para lo que traza la genealogía del "objeto" en los EE.UU. desde las revistas ilustradas del XIX hasta su despegue y asentamiento en el mercado comercial y cultural de los primeros años del XX en la prensa escrita (capítulo 1). El destino de este trayecto sería la configuración de este producto como forma indepedepiente con la creación del comic book norteamericano (capítulo 6).

Como era de esperar hay un especial tratamiento de la figura de Richard Felton Outcault y su tira Hogan's Alley (que pronto sería conocida por el público como the Yellow Kid por el protagonismo de este personaje). A través de la lucha sin cuartel entre los magnates Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst por hacerse con los servicios de los más reputados artistas del momento asistimos a la implantación de los comic strips a nivel nacional, con una circulación masiva hacia 1903, no solamente concretada en círculos urbanos. La parte dedicada a Outcault y a los comic strips de Buster Brown (capítulo 2) es fundamental para entender la instauración de una cultura nacional basada en el consumo, además del amplísimo uso que se dio al lenguaje de la historieta con fines publicitarios. Como dice Gordon, Buster Brown fue el vínculo entre las tiras cómicas y el desarrollo de una cultura visual de consumo en los EE.UU. Buster Brown unió entretenimiento con bienes de consumo.

El capítulo 3, dedicado a la objetivización de las tipografías afroamericanas, contiene argumentos muy interesantes. Además de hacer un repaso por los primeros ejemplos de tiras cómicas con protagonistas afroamericanos como Pore Lil Mose (de Outcault) o Sambo and His Funny Noises (obra de William Marriner), en el que queda de manifiesto el arraigo de los estereotipos hacia los negros en USA (durante los 10 años de publicación de la tira de Marriner [1905-1914] sólo 5 ejemplos presentaban un elemento cómico fuera de las nociones estereotípicas asociadas a los afroamericanos), Gordon argumenta que fue Krazy Kat de George Herriman el pionero en mostrar cómo tiras cómicas con animales divertidos podían usar técnicas y temas generalmente asociados con los estereotipos afroamericanos sin en el potencial límite en cuanto a ventas de los personajes negros. Aunque como muy bien apunta el autor, las ventas en Krazy Kat no fueron algo que preocupara excesivamente a Hearst ya que mantuvo la tira por un gusto personal hacia las aventuras de esta extraña pareja. Herriman, cuya partida de nacimiento en New Orleans le asigna la distinción racial de "colored", cuyos padres figuran en el censo de 1880 como "mulattoes", proveniente de una región en los EE.UU. cuya población se dividía en dos grupos muy marcados: descendientes por entero de franceses o españoles o "colored Creoles". Gordon reconoce que sería simplista y muy arriesgado calificar Krazy Kat como una metáfora de la existecia de los negros en la América blanca. Sin embargo, la ambigüa identificación de género, la asociación con la locura, crazy, el intento por parte de Krazy de hacerse rubio/a en un episodio y la propia confusa identidad de Herriman, plantea posibilidades en este sentido que el autor se encarga de poner a la luz.

El capítulo 4, Comic Strips as Culture, explora lo vislumbrado en la sección dedicada a Buster Brown de Outcault, destacando que hacia 1930 las tiras cómicas y las técnicas comunicativas en ellas empledas estaban perfectamente integradas en la vida americana. Por ejemplo, el uso de los bocadillos o globos era un elemento común de la publicidad hacia mitad de la década de los 30.

El capítulo 5 lo dedica el autor a dos comic strips de renombre: Gasoline Alley y Winnie Winkle en las que se puede comprobar cómo el desarrollo de una cultura basada en el consumo de artículos forma parte ya de la vida integral de un americano medio. Para dicho capítulo, Gordon revisó cada ejemplo de Gasoline Alley desde 1918 a 1960 y lo mismo en el caso de Winnie Winkle desde 1920 a 1961. Ciertamente, la combinación de argumentos razonados por parte del autor, además de una cuantificación de material más que respetable, le otorga a este libro un valor muy alto en el estudio de estudio de la historieta durante este período.

El capítulo 6 se centra en el comic book, especialmente en Superman y su valor de marca. A través de la historia del papá de todos los superhéroes, Gordon examina la visionaria compra de derechos a Siegel y Schuster sobre el personaje y la historia, pero subraya también los lucrativos acuerdos que los dos autores consiguieron con la explotación de Superman como producto de consumo. Parece más que razonable que en 1941 Siegel y Schuster estaban más interesados en las posibilidades comerciales de Superman que en recuperar la esencia del personaje o sus derechos sobre el mismo. Consiguieron en esa fecha un acuerdo bastante lucrativo con Harry Donenfield (Detective Comics) por el que trabajarían en exclusiva para DC cobrando 20$ la página y además obtendrían el 5% de los beneficios producidos por la marca Superman. El beneficio económico pudo con la recuperación de la integridad del personaje y es que como apunta el autor, las primeras historias del superhéroe poco tienen que ver con su masiva mercantilización hacia 1941.

En definitiva, un libro más que recomendable para los amantes de la historieta, los interesandos en la publicidad y sociólogos que quieran adentrarse en el establecimiento de la cultura del consumo norteamericana. Esencial para cualquier estudio sobre las tiras cómicas USA.

sábado, 2 de agosto de 2008

Aplicaciones de la historieta en clases de español


Este nuevo curso el departamento de español de la Universidad de Nottingham cambia de manual para las clases de Español I (de los tres niveles que existen puramente relacionados con lengua española). Me he llevado una grata sorpresa cuando le he echado un vistazo al libro Avance (Ed. SGEL-Eduacación, 2002), creado por Concha Moreno, Victoria Moreno y Piedad Zurita. El libro a priori me parece adecuado al nivel, sin embargo lo que me ha sorprendido (o no tanto ya a estas alturas) es que se utilice la historieta y el humor gráfico con bastante frecuencia para actividades en el aula. Es algo de lo que hemos estado hablando por estos fueros en alguna ocasión. Recojo aquí algunos ejemplos que he encontrado en el libro como ejemplo:

1) Ejemplo de Goomer (Ricardo Y Nacho) para praticar el pretérito perfecto.

2) Ejemplo de historieta muda de Quino para practicar "contar historias".

3) Aquí una historieta desordenada. Los alumnos deben ordenar las tiras y además practicar con la descripción de situaciones.

4) El artista cubano Ajubel, desde que se radicara en España, ha colaborado en numerosas publicaciones infantiles, además de en prensa escrita. En este caso, tenemos un primer acercamiento con formas de imperativo y subjuntivo.


5) La actividad en este caso es parecida a la que se propone en la historieta de Quino. La historieta aquí es de Matt.

viernes, 1 de agosto de 2008

Nippur de Lagash

Conocí por primera vez el nombre de Robin Wood en un artículo del experto Andrés Accorsi "Argentine Comics: A History" para el volumen editado por John Lent Cartooning in Latin America. Muy poco después, cosas del azar, en el excelente blog COMICS en extinción, anguloagudus nos brindaba otra joya visual con la historieta de Nippur "El hombre de los pantanos". En esta ocasión, Wood se acompañaba de Jorge Zaffino en la parte gráfica. Seguidamente, una magnífica entrada con los 450 títulos referenciados de Nippur de Lagash daba cuenta de la portentosa capacidad de Wood como guionista. La ingente información provenía del foro Woodiana, que en una labor titánica consiguió recuperar, documentar y ordenar la bibliografía referente a esta magnífica historieta argentina.

Nippur de Lagash vio la luz en el número 151 de la revista D´Artagnan (1967), de la editorial Columba. La historia, con 30 años a sus espaldas se ha convertido en un clásico de la historieta argentina, que tristemente no ha ecibido la merecida atención que debiera por parte de las editoriales españolas. Pese a que Robin Wood y Lucho Olivera fueron los que dieron vida a este personaje que deambula por Sumeria (), participando en míticas historias de la época antigua (Teseo es un buen amigo de Nippur por ejemplo), la nómina de guionistas y dibujantes es extensa:

Si bien Robin Wood estuvo al frente de los guiones de Nippur durante sus treinta y un años de publicación, otros guionistas escribieron historias menores protagonizadas por el sumerio; estos son : Ricardo Ferrari, Armando Fernández, Manuel Morini y Nestor Barrón.
En el apartado gráfico, a Lucho Olivera lo sucedieron Sergio Mulko, Ricardo y Enrique Villagrán, Jorge Zaffino, Carlos Leopardi, Eduardo Barreto, Daniel Müller, Walther Taborda y Sergio Ibáñez. Gabriel Rearte dibujó los dos episodios de la serie "El Joven Nippur", que planeaba contar historias de Nippur pre-exilio.
(QuintaDimension.com)

(Arriba, a la izquierda, última plancha de la historieta "La Noche de Dafar" de Wood y Ricardo Villagrán que se utilizó como portada del recopilatorio que comento más abajo. En la introducción se mencionan los problemas que tuvieron para esta reedición, la primera y más obvia el propio título de Nippur de Lagash. Doedytores no tenía permiso para usar el nombre, con lo que utilizó una imagen bien clara del héroe con una no menos evidente "N" formada por tres espadas.

Entre los cómics que compré durante mis vacaciones en Valencia, compré el recopilatorio de Doedytores Nippur de Lagash. Adiós a Tebas (2003), con historias de principios de los 70 en las que la parte gráfica corre a cargo de un impresionante Ricardo Villagrán. Las historias de este volumen son fantásticas sin importar que uno se acerque al personaje sin un conocimiento previo de la saga. En mi caso, son las únicas que he leído de Nippur y me parecieron asombrosas, sobretodo por el cuidadísimo guión de Wood. Pero es que el señor Wood, que como apunta Rafel Marín ha sido ninguneado en España y está considerado por muchos compatriotas argentinos como fachista (al parecer por no apoyar una huelga en la editorial Columba, cuando ni siquiera vivía en Argentina [ver la magnífica entrada de Pablo en El Lector impaciente]), no se limitó la temática de la fantasía histórica, sino que como apunta Accorsi escribió guiones sobre señores de la guerra, agentes secretos al estilo James Bond, comedias entre enamorados o relatos sobre el gangsterismo de los años 30 en USA. Gracias a su versatilidad, las ventas de Columba remontaron el vuelo, después de años de decadencia.

En una entrada para Crisei sobre Nippur de Lagash, Rafael Marín escribía numerosos ejemplos en los comentarios a la entrada, sobre el cuidado guión de Robin Wood, que le distanciaba positivamente de los que realizaba por ejemplo Roy Thomas para la archifamosa historieta "Conan el Bárbaro". Con la medida que da el tiempo, es justo reconocer que el guión de Wood está muy por encima del de Thomas (siendo las historietas del cimmerio otra de mis pasiones desde niño). Como prueba, este comienzo de una historieta en la que el héroe se encuentra con un mercenario, Mardamash, al que da de comer y que luego se arrepiente al convertirse éste en un cruel señor de la guerra. Nippur entonces se enfrentará a Mardamash, dándole muerte y saldando una cuenta pendiente consigo mismo. Atención a la secuencia de llegada del mercenario...

Y aquí la plancha entera:
Abajo, una comparación de dos planchas de la historieta "Una codicia color de escombro" con Ricardo Villagrán en la parte gráfica, publicada originalmente en la revista "Nippur de Lagash" COLECCIÓN TODO COLOR n.7 y su reedición en D'Artagnan n. 376 en blanco y negro.