The Guardian 17/07/2010
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Boceto
Tinta
(Visto en Blog de Alen Lauzán)
¿Y si nos aproximáramos a la historieta como un relato en imágenes y no como el sacrosanto arte secuencial con el que la definió el maestro Will Eisner? ¿Y si al hacerlo nos encontráramos con otras formas de relato en imágenes, como la propuesta de George Cruikshank en The living ballad of Lord Bateman (1839) o
Desde la publicación de los imprescindibles The History of the Comic Strip (1973) y The History of the Comic Strip. The Nineteenth Century (1990) por David Kunzle no había aparecido hasta la fecha ningún estudio (excepto Father of the Comic Strip: Rodolphe Töpffer (2007) y Rodolphe Töpffer. The Complete Comic Strips (2007) también a cargo de Kunzle) que buceará en profundidad por las aguas del siglo XVIII y XIX, donde se sitúan sin duda los orígenes de la historieta.
Smolderen, que reconoce el magistral trabajo de Kunzle, se apoya también para su estudio en recientes textos, como el publicado por la profesora de CUNY, Patricia Mainardi, “The Invention of Comics” (2007). La edición de Les Impressions Nouvelles es excelente. El libro es de tapa dura, formato grande (24 x
El estudio de Smolderen se orienta a un gran público, pese a la profundidad de análisis del mismo. No utiliza el formato de citas a lo largo del discurso, algo que por otro lado lastraría la lectura pero que hubiera sido de suma utilidad para el investigador que quisiera profundizar en el tema. Las referencias a estudios anteriores se recogen al final en un listado sucinto de libros y artículos para cada capítulo.
Smolderen comienza su investigación de la mano de William Hogarth, el creador según Smolderen de un lenguaje poligráfico de tono irónico y humorístico que recoge la tradición de los ciclos populares de
Si Hogarth es el primero en dotar a la imagen de una legibilidad para contar relatos, Töpffer se encargará de recoger esa tradición para experimentar al uso de lo que otros artistas hicieron en la época, una forma de relatar historias con imágenes en la que la acción progresiva que dice Smolderen, resulta fundamental. Es éste uno de los aspectos fundamentales de su aporte, que viene sustentado por una lectura detenida de los manuales de arte escritos por Töpffer, de los que se desprende una preocupación por la intención creadora (el genio individual romántico) y un alejamiento de la imitación clásica. Töpffer se enfrenta al empobrecimiento que conlleva la imitación y por ende el academicismo en el dibujo. Su posicionamiento es radical, pero más aún si se comprende que los avances tecnológicos que trae
Töpffer, por tanto, en su Histoire de Mr Vieux Bois (1827) o en Histoire de Mr Jabot (1833) desarrolla de manera irónica una crítica hacia la imitación que en materia de pintura llega a editar manuales de gestualidad para uso de actores en las representaciones teatrales. El melodrama, el exceso en la sistematicidad de la imitación para expresar sentimientos, es motivo de burla para el genio suizo que lo plasma en sus relatos en estampas en los que ridiculiza a sus personajes Mr Vieux y Mr Jabot. Töpffer, según Smolderen, es consciente de estar planteando algo nuevo, una forma radical y diferente de aproximarse al relato. Lo irónico resulta que tras su crítica a la industria en masa (100 años antes de los postulados de
Es de suma ayuda la contextualización y la comparación que hace Smolderen con otras obras y autores del momento. Los arabescos románticos practicados por Jean Paul, Montaigne, Rabelais o Sterne con su delirante Tristam Shandy, nos hablan de una hibridación lingüística en la que la imagen tiene cabida. Es por ello que la narración debe entenderse en sentido amplio y Smolderen se encarga de recalcar que lo que hace Töpffer es una versión, acaso más visual, de lo que están haciendo otros autores del momento.
El relato en imágenes que propne Töpffer se continúa con la edición de libritos de similar formato a cargo del librero parisino Aubert, para el que Gustave Doré crearía su primer roman en estampes a la edad de 15 años. Doré sigue los pasos de Sterne en su experimentación (literatura de viajes, el turismo exótico, la repetición mecánica) para crear la mencionada Travaux d¨Hercule (1847). Smolderen subraya que hay una segunda línea de trabajo del relato en imágenes, de la que George Cruikshank podría ser su mayor representante. Un tanto alejado de la secuencia utilizada por Töpffer, Cruikshank se acerca más a la narración al estilo de las aleluyas y aucas españolas de principios del XX. Por cierto, este tema, el de las aleluyas no recibe alguna atención por parte de Smolderen y nos parece que dentro de las múltiples maneras de narración en imágenes, ésta tendría cabida en el estudio.
Los siguientes capítulos se centran en el desarrollo de la prensa periódica y el acomodo de la historieta en las revistas ilustradas a partir de la obra de Töpffer, Mr. Cryptograme en L´Illustration en 1845. Destaca Smolderen que es el propio autor suizo el que ofrece sus creaciones a diversas publicaciones, un resultado imprevisto que de alguna manera traiciona el sentido crítico de la reproducción en masa que trataba de satirizar. A partir de aquí, diversas publicaciones señeras como Punch en Inglaterra, Fliegende Blätter en Alemania, Le Journal pour Rire en Francia o el Harper´s New Monthly en EE.UU. comienzan a dar cabida a la historieta. Cuando el cine hace su aparición han transcurrido 50 años de hábito visual, algo fundamental para la “lectura cinematográfica”. El capítulo 6 y 8 se dedican a dos personalidades como son los americanos A.B. Frost y Winsor McCay, con sus respectivas adaptaciones de los avances de la fotografía y de un barroco tardío pasado por Art Nouveau. El capítulo 7 que da buena cuenta de la evolución de la leyenda medieval hasta el globo en el siglo XX apareció en una primera versión en un fantástico artículo para la revista Comic Art que comentamos aquí.
En suma y sin querer cansar al que pacientemente haya leído toda esta parrafada, Thierry Smolderen aclara muchas cuestiones que necesitaban de explicación en ese período de la primera mitad del XIX, fundamental para entender el desarrollo de la historieta moderna. Su estudio, que llega hasta los inicios del siglo XX, creo que tiene la virtud de ser uno de los análisis más rigurosos y mejor argumentados que haya leído hasta el momento. Excelente lectura de un excelente investigador.

En un par de días tendrán lugar les Primeres Jornades de Narrativa Gràfica en
Por mi parte, estoy disfrutando y a la vez mejorando mi francés con Naissances de

Ctrl.Alt.Shift. Unmasks Corruption es una iniciativa éticamente loable y artísticamente notable. Con un claro propósito de remover conciencias ante la multitud de casos de corrupción que existen en el mundo (que nos lo digan a los españoles con la que ha caído últimamente o a los británicos con los gastos extraordinarios de sus MP), esta todavía bisoña organización (nació en junio de 2008) ha reunido un buen plantel de artistas que han contribuido con 25 historias cortas que muestran diversos aspectos de la corrupción. La filosofía de esta organización la resume una cita de Raymond Williams en la introducción al volumen: “To be truly radical is to make hope posible rather than despair convincing.”
La obra en sí tiene ups and downs que dirían por aquí. Comienza con una primera historia introductoria definiendo qué es la corrupción a cargo de Bryan Talbot con este personaje, alter ego del autor, que ya apareció en esa obra total que es Alice in Sunderland. Especialmente interesante me parece la contribución de Dan Goldman “Take two” (que abre la entrada) que en seis páginas y con ausencia de texto para los diálogos y la narración, nos presenta a un personaje desde su nacimiento, pasando por su adolescencia, el uso de drogas, sus primeros trabajos, primeras relaciones sexuales, la proposición de matrimonio, el nacimiento de su hija con síndrome de Down, la separación de su mujer y la posterior vuelta al hogar años después. Una historia dura que sitúa en los EE.UU. compuesta de manera fragmentaria a modo de retazos de una vida, cualquier vida, que pasan ante el lector. La ausencia casi total de texto en absoluto dificulta la narración, es más, en este caso el uso de diálogos impediría el fluir de la narración y resultaría en una reducción del número de viñetas que tal y como plantea el autor la historia son necesarias. Un ejercicio de narrativa aprovechando las posibilidades de la historieta que me recuerda (salvando las distancias) con la ambiciosa y deslumbrante historia de Richard Maguire “Here” que ya comentamos por aquí.
Interesante también es la historia “Black Holes” dibujada por el genial Dave McKean. A través de una investigación sobre la corrupción en Shang Cai en la provincia de Henan (China), se desarrollan cinco momentos/ejemplos que desenmascaran cómo al amparo de la lucha contra el VIH las donaciones que se entregan terminan en los bolsillos de burócratas y agentes oficiales. El estilo de McKean es inconfundible. Gustará más o menos pero la manera que tiene de componer cada plancha, explotando las posibilidades del lenguaje de la historieta es sobresaliente. Fíjense en esas jeringuillas que a modo de texto al pie de cada imagen complementan la narración. Acaso ejerzan de “texto” como solía ocurrir con las aucas y aleluyas pero aquí es un dibujo el que cumple esa función y sin embargo, lo que cuenta se relaciona directamente con la viñeta correspondiente.

También me gustó “Behold, King Lispin III” con guión de Lghtspeed Champion y dibujos de Luke Pearson. Una historia de formato más caricaturesco, que compensa la seriedad de todo el volumen. Bien narrada a la manera clásica, respetando las elipsis que van dando forma a la narración, con un buen uso de la perspectiva y el enfoque. Incluso me recuerda en la tipografía y algún trazo del dibujo al genial David Rubín.
Para más información sobre la obra, aquí.
Lista de autores del volumen:
Aleksandar Zograf (Serbia)
Alex Smith (UK)
Asia Alfasi (Libya / UK)
Ben Dickson & Warren Pleece (UK)
Bryan Talbot (UK)
Cole Johnson (USA)
Dan Goldman (USA)
Daniel Merlin Goodbrey (UK) (online comic only)
Dylan Horrocks (New Zealand)
Elettra Stamboulis & Gianluca Costantini (Italy)
Ferry Gouw (UK)
Floodworks (Ethan Ede / Adam Rosenlund) (USA)
Fredrik Stromberg & Jan Bielecki (Sweden)
Jason Masters (South Africa)
Josue Menjivar (El Salvador / Canada)
Lee O’Connor & Pat Mills (UK)
Lightspeed Champion (UK)
Patrick Dean (USA)
Paul O’Connell & Marcus Bleasdale (UK)
Sean Michael Wilson & Michiru Morikawa (Japan / UK)
Vishwajyoti Ghosh (India)
VV Brown, David Allain & Emma Price (UK)



Que la historieta puede tener (y tiene) muy diversas aplicaciones es algo que no voy a descubrir aquí. La semana pasada un profesor del departamento de Estudios Culturales hizo una presentación sobre cuestiones de soberanía, libertad, orden y caos, en la que tomando como base teórica a diversos filósofos, el cuerpo del análisis eran los cómics Marvel y DC. A través de Batman, Captain America o Superman, Neal Curtis armó una argumentación bien elaborada que en breve tiempo saldrá a la venta en formato libro. El debate posterior no desmereció, especialmente por la insistencia de un circunspecto señor, que preguntó de manera insistente si el ponente no veía un problema en relacionar a Aristóteles o a Platón con Cap o Superman. El asunto de fondo era meridianamente claro: el eterno debate de Alta y Baja Cultura. Me dieron ganas de decirle a este señor que se cogiera el libro de Umberto Eco, Apocalittici e integrati y actualizara un tanto (casi 50 años ya) esa vieja y manida cuestión. El caso es que Neal se encargó de responder con elegancia al invertir lo que este señor entendía como “legitimar los cómics a través de la teoría filosófica clásica”. No señor. En primer lugar los cómics no necesitan legitimación, como tampoco la necesita la fotografía, el cine, el graffiti o la poesía provenzal. Esa hipotética legitimación no se la dieron ni Eco ni Eisner, ni Spiegelman con el Pulitzer, ni Satrapi con su celebrado Persépolis. No señor. La legitimación proviene como poco del uso que desde el Barroco se venía haciendo de las imágenes y la estilización de su recurso para contar historias. Olvidamos con cierta displicencia que los cómics además de Superman (y por favor no se entienda esto como una distinción peyorativa) incluyen diversos géneros y enfoques, más o menos vanguardistas, más o menos costumbristas pero todos tienen un propósito: contar una historia. Ese acto consustancial al ser humano que es contar historias, ya sea alrededor del fuego hace miles de años, en una sala de cine con palomitas o en el salón de nuestra casa con Paracuellos de Carlos Jiménez trasciende la insulsa distinción de Alta y Baja Cultura, tras la que se escudan muchos académicos para justificar su condición de “animal en extinción”.
Neal Curtis lo solucionó de manera sencilla. La teoría filosófica no viene a legitimar el uso de los cómics para abordar cuestiones X. Son los cómics los que a través del análisis y su estudio detallado vendrán a confirmar lo que pensadores como Platón, Heidegger o Hegel han filosofado sobre esas mismas cuestiones X. Dos días después me encontré con Neal en la parada del autobús. Iba con su hijo pequeño. Me preguntó qué me pareció la conferencia y le dije que me gustó. Estuvimos hablando sobre el insistente caballero de la primera fila (al que por otro lado le agradezco enormemente su recurrencia por el bien de la audiencia allí reunida) y Neal me comentaba que siempre hay un peligro en escribir un libro sobre asuntos culturales impregnados de filosofía y acometer su análisis conjugando a Rousseau con Stan Lee. Siempre habrá un “señor circunspecto” que levantará la ceja o resoplará sin comprender el por qué de esta combinación. Tal vez si no fuera porque muchas veces ocurre esto mismo, hacer encajar con calzador un marco teórico para que se ajuste a lo que uno quiere demostrar, cuando el análisis de la información (en este caso los cómics) debería marcar la elección de una u otra teoría.
En cualquier caso, la experiencia me dio ideas para una presentación en la que abordar ese mismo asunto: la no-necesaria legitimación de la historieta y su constante exigencia por parte de una parte de la intelligentsia. Si el asunto todavía suscita este tipo de debate es que no está cerrado y por tanto permite diálogo. Y eso siempre es positivo.
(La imagen es de Peter Kuper en Ctrl.Alt.Shif Unmasks Corruption de la que hablaré por aquí pronto)





Salgo de mi letargo para recomendar un libro de humor gráfico que se presentó el pasado 24 de octubre en
Soy de los que piensan que el humor gráfico vive un momento dulce en España. La nómina de autores que lo practican y la calidad que atesoran es prueba de ello. Basta darse una vuelta (humorística) por nuestros periódicos para encontrarse con sobrados ejemplos de lo que digo. No voy a dar nombres porque siempre se quedaría alguien fuera, pero si quieren, pueden pasearse por aquí y luego me cuentan. Entre todo este “ejército de estrafalarios humoristas gráficos de prensa” (Mingote) creo sinceramente que Puebla ocupa un lugar relevante. No es sólo que haya continuado la mejor tradición humorística de grandes nombres como el mencionado Mingote, del que es y será un digno sucesor en ABC cuando el maestro decida jubilarse, sino que a la par que domina la caricatura (ese rasgo difícil, elusivo que a la postre acaba definiendo al personaje como definiera Bernardo G. Barros en su fundamental estudio), maneja con soltura la tira gráfica y capta como nadie la realidad del día a día.
Por no llorar (el primero de la prometedora colección "El Humor de Puebla") recopila obras del período 2005 a 2009 aparecidas en elfaro, elEconomista, ABC o lainformación. Inmigración, violencia de género, desempleo, despropósitos políticos o la consabida crisis son algunos de los temas que ataca Puebla con un humor elegante e independiente, sin casarse con nadie y respetando en primer lugar la inteligencia del lector, algo que por otro lado a veces se echa en falta. Inteligencia y humor casan bien. Ramón Gómez de la Serna tenía razón. Obras como la que aquí recomiendo reafirman lo dicho.
Los interesados en el libro dirigirse a la web del autor: Humor de Puebla.
Me permito subir el ejemplo de ayer, preciosa viñeta para la que sobran las palabras.