viernes, 15 de agosto de 2008

Origen y desarrollo de los globos o bocadillos


Por la casa de Pepo Pérez (Con C de arte) andamos debatiendo sobre un tema que no es nuevo y que pese a todo, todavía presenta varias lagunas y alguna que otra confusión. Me refiero a la historia de los bocadillos o globos, como prefieran llamarlos. Así como se tardó lo suyo en corregir esa afirmación a la ligera de que el cómic en sentido moderno nació con el Yellow Kid de Richard Outcault, algo parecido ocurre con la "invención" del bocadillo. Tampoco es mérito de este excepcional artista la creación o el uso generalizado del bocadillo en las tiras cómicas. Hacía referencia Pepo a un artículo de Thierry Smolderen en el Comic Art n.8 (verano 2006) titulado "Of Labels, Loops, and Bubbles. Solving the historical puzzle of the speech balloon". El texto de Smolderen es un ensayo de tres pares de pepinos que deja pocas dudas sobre el origen del bocadillo y su vinculación con las filacterias medievales, pasando por las ilustraciones satíricas de los siglos XVIII y XIX, hasta llegar a principios del siglo XX, cuando una serie de inventos tecnológicos (la invención del fonógrafo de Edison en particular) abren nuevas posibilidades para la representación del habla en las historias contadas a través de imágenes.

Smolderen hace lo que hasta ahora (aunque no estoy seguro, corríjanme por favor) creo que nadie había hecho y es explicar las distintas funciones de las filacterias medievales, los labels de la prensa satírica inglesa del XVIII y XIX y el contexto en el cual se crearon. Dice Smolderen que desde el siglo XVII y hasta las litografías de Currier e Ives de 1860 la gran mayoría de las imágenes satíricas en las que aparecían estas etiquetas (con forma de pergamino) en el contexto anglosajón eran alegóricas en su naturaleza y procedían de la fascinación del Barroco por los emblemas. Las construcciones alegóricas (sigue Smolderen) no contienen nada vivo o natural. Al contrario, existen como los acertijos y los enigmas en una dimension sin espacio ni tiempo, en la que ningún sonido podría transmitirse. Se refiere el autor a que esas etiquetas no representan un acto de habla sino nociones atemporales, eternas, más relacionadas con las enseñanzas alegóricas del Barroco a través de un código de signos (una hermeneútica al fin y al cabo), como ocurría con la representaciones religiosas por ejemplo.

Aquí abajo un ejemplo que por su rareza, resulta interesante. Es de Charles Rees, publicado en el New York Herald en 1902. Los cartuchos o cartelas (el texto al pie de las imágenes) contradice la historia que narran las imágenes y los globos.


Uno de los puntos más interesantes es cuando el propio Smolderen corrige a David Kunzle, cuando este último afirma que en el Popish Plot (circa 1682) de Francis Barlow es el primer ejemplo en el que se utilizan bocadillos de manera consistente. La obra de Barlow es una joya histórica que bien vale la pena estudiar. Sobre el año 1682 se publican estas dos planchas tituladas A True Narrative of the Horrid Hellish Popish Plot, a raíz de un episodio de histeria contraria al Papa, conocido por los historiadores como Popish Plot. Barlow realizó estos dos grabados que en orden secuencial relatan los acontecimientos a través de cuadros de imágenes con texto. Sin embargo, como bien apunta Smolderen, esta obra continúa una tradición que llama "Execution Prints", un género de narrativa pictórica que a nivel impreso recoge toda una liturgia ritual en los procesos de tortura política, enjuiciamiento y ejecución. Esta ritualización de la tortura, el juicio público y la posterior ejecución está magistralmente tratada en el libro del filósofo francés Michel Foucault, Vigilar y castigar.


Me da la impresión de que Smolderen relaciona las "Execution Prints" con algo que nos toca más de cerca, las aucas y/o las aleluyas. No menciona este aspecto Smolderen pero sí dice que Barlow y sus contemporáneos vislumbraron un nuevo medio para contar historias, el juego de cartas, en el que cada carta contenía una imagen de manera muy similar a las secuencias del Popish Plot.

Por tanto, antes de 1900, dice Smolderen, las filacterias se limitaban a enunciar (no contar), por lo que su función era más la de ayudar en el proceso de decodificación del mensaje, que guiar (junto con los dibujos) la lectura a través de actos de habla como ocurre en la historieta actualmente.


No se olvida el autor de la aportación de Topffer ni de la de Outcault, pero recalca que el autor que se encargó de sistematizar el uso de los bocadillos, de una manera diferente a las filacterias, representando actos de habla de cada personaje y no ya la voz del artista-grabador, fue Frederick B. Opper con su Happy Holigan a principios del siglo XX.

Abajo, un ejemplo del artista Harry Grant Dart, publicado el 26 de octubre de 1911 en Life Magazine. El caos visual representa la competencia de mensajes en el espacio urbano. Publicidad, virtuosismo gráfico y sátira social del New York de principios de siglo.


El artículo de Smolderen son 22 páginas profusamente ilustradas. Todo un ejercicio de investigación de uno de los elementos más importantes de la historieta. Desde mi humilde opinión lo mejor que he leído de este asunto.

5 comentarios:

Gabriel dijo...

Joder, Jorge. Qué gran post!

Jorge dijo...

Muchas gracias Gabriel. Pero el mérito es del pedazo de artículo del señor Smolderen. Yo sólo he intentado resumir las ideas más importantes.

Un saludo!

T. Smolderen dijo...

Thanks a lot, Jorge, for this excellent synthesis.
Thierry

Puebla dijo...

Enhorabuena por tu blog, Jorge. Me pondré como obligación leerte de vez en cuando, ¡Pero qué poco sé, Dios mío!

Jorge dijo...

Thierry,

You're very welcome! Such an honor you read this post! I was very much impressed reading your article about the balloon.

Puebla, eres un monstruo! Pásate cuando te apetezca. Un saludo!