lunes, 5 de mayo de 2008

Tebeos con función social

La historieta puede cumplir diversas funciones en la sociedad, pero tal vez una de ellas (además del entretenimiento de millones de personas) es la que sobresale por encima de las demás. Me refiero a la función social de los cómics. En la edición de hoy de El País viene un artículo que relaciona la enseñanza de la historia a través de viñetas, con la próxima aparición del cómic After 9/11: war on terror (2001- ) [Después del 11-S: la guerra contra el terrorismo (2001- )] de la editorial Hill & Wang, prevista para el verano. Después del éxito de la adaptación al cómic del Informe sobre el 11-S, muchos se han preguntado por qué no seguir explotando lo que el cómic puede aportar entre una población (y no hablo exclusivamente de la estadounidense) poco acostumbrada a la lectura, para la que un lenguaje visual parece más atractivo. Me parece bien. Expandir la lectura de historietas a un público más amplio y hacerlo con temas de relevancia mundial como el 11-S o la posterior guerra contra el terrorismo emprendida por la Casa Blanca. Historia e historieta son dos peregrinos que ya se han visto las caras varias veces. En ocasiones se ha recurrido a la historieta para contar la historia (con fines didácticos y para un público juvenil generalmente) y hacerlo escapando de la pesada carga que para muchos supone la mera mención de “libro de historia”.

Sin embargo, mucho más interesante me parece, a priori, el cómic que han realizado Jacobson y Colón “titulado Coming Home, que se distribuye entre veteranos de Irak y Afganistán desde hace un mes. Con este medio, el Pentágono aspira a ayudar a los soldados a entender los traumas que pueden vivir a su regreso y la necesidad de buscar ayuda psicológica.” Tampoco es nueva la relación cómic y ejército, especialmente en EE.UU. Muchos recordarán las historietas de Terry and the Pirates de Milton Caniff y el apoyo moral que supuso para los combatientes en la Segunda Guerra Mundial. O los manuales que se gastaba el maestro Will Eisner para enseñar el manejo de maquinaria a través de la historieta. En otro polo ideológico, la República Popular China ha utilizado la historieta para enseñar a sus soldados un código moral de conducta más cercano a la colectividad y al capital humano, en contraposición al ensalzamiento del individualismo y la tecnología norteamericana de Terry and the Pirates. Este análisis contrastivo lo llevó a cabo Umberto Eco en la obra I fumetti di Mao en 1971.

En Inglaterra, se utiliza el cómic de Bryan Talbot The Tale of One Bad Rat para ayudar en el tratamiento psicológico de personas que sufrieron abusos sexuales durante la niñez. Según leo en la página web del autor, este cómic es la segunda novela gráfica más prestada en las bibliotecas norteamericanas, tan sólo superada por Maus.

Nuestra cultura es una cultura de la imagen y el mundo en el que nos movemos es más audiovisual que nunca. En ese contexto, el cómic está emergiendo con una potencialidad inusitada y hasta los más reacios a la lectura de historietas, están reconociendo sus virtudes. Puede que sea una moda (como las múltiples películas que aparecen basadas en cómics) o puede que tan sólo sea una forma de salvar el cómic de largos años de agonía y declive, pero en cualquier caso, lo que está ocurriendo actualmente tiene tintes de histórico. El cómic se ha recuperado, se ha lavado la cara y se ha puesto el traje de “novela gráfica” y a juzgar por cómo le sienta, se auguran buenos tiempos. Que dure.

2 comentarios:

sergio llorens dijo...

George,
qué tal? Acabo de descubrir tu blog. Enhorabuena. Así me gusta, difundiendo cultura. A ver si un día coincidimos en alguna ventana y charlamos.
El otro día estuvo en Barcelona Milo Manara... y recordé el "click" ¿era él, no?

Jorge dijo...

Sergio!

Cómo estás!? Tenemos que hablar que hace tiempo que no charlamos. Manara y "el click", fantástica historieta!

Un abrazo!