martes, 23 de octubre de 2007

El Cómic Hispánico de Ana Merino

Esto no es una reseña al uso. Vamos que reseñar un libro que lleva ya 4 años en las librerías no es muy novedoso. Sin embargo, he querido poner esta entrada para hablar de este fantástico libro. Gracias en gran medida a esta obra, me nació el verdadero acicate de estudiar el cómic de una manera más concienzuda, de tomármelo en serio.

El cómic hispánico (2003) es sin duda uno de los estudios más rigurosos que se ha publicado sobre la historieta en el marco hispánico. En la introducción del libro, su autora, Ana Merino, declara el propósito del mismo: “Este libro propone una interpretación de los cómics como factor cultural capaz de representar la modernidad masiva y popular del siglo XX” (p. 9). Merino se encarga de diferenciar las diferentes “modernidades” dependiendo del contexto espacio-temporal. La autora concreta temporalmente su estudio desde los años 40 hasta los 60. Y se centra en cuatro países: España, Cuba, Argentina y México. Justifica su enfoque para categorizar estos países como “modernidades periféricas”, de los verdaderos centros de poder en la época: EE.UU. Inglaterra, Francia o Alemania.


Merino introduce la idea de considerar al creador de cómics un “intelectual masivo y popular”. Masivo porque su producción se inserta dentro de los canales de producción y distribución masiva y popular porque subraya el carácter artesano de la elaboración de historietas, con herramientas tradicionales (lápiz, papel, tinta, plumilla). La autora recalca que estas dos características se aplican a los autores tratados en el libro, aunque es consciente del debate controversial respecto a la incursión de las nuevas tecnologías en la creación (y también difusión) de historietas. Cabría entonces preguntarse si el artista que recurre a métodos tecnológicos en la actualidad (la gran mayoría) dejaría de ser considerado un “intelectual popular”, según la definición de Merino. También habría que redefinir “lo masivo” en la actualidad, cuando las cifras de ventas de historietas están muy lejos de las que se daban hace 30 o 40 años y sin embargo su capacidad de difusión es contrariamente mayor, pudiendo llegar a recónditos mercados (al menos a lectores) a través del internet.

La autora, en una reivindicación frecuente, por parte de los intelectuales que estudian la historieta, “busca reconciliarse con los académicos latinoamericanistas y españolistas y mostrarles el lugar del cómic como expresión cultural hispánica y como sólido espacio de diálogo discursivo” (p. 16).

El libro está dividido en dos partes: la primera versa sobre las “dimensiones históricas, geográficas y teóricas del cómic”. Mientras que la segunda trata sobre “miradas, lecturas e interpretaciones”.

En la primera parte, la autora traza una retrospectiva sobre el medio, remontándose a los orígenes de la historieta y situando el surgimiento del cómic dentro de la cultura popular y masiva de los siglos XVIII y XIX. En cuanto a los antecendentes, Merino recoge estudios previos (Gasca 1969, McCloud 1993) que se remontan a las primeras manifestaciones de la humanidad en las que el uso de dibujos y escritura imprimen una narración al mensaje. De esta forma, menciona la Columna Trajana o el código Azcutitlán precolombino. Merino añade en esta perspectiva otro antecedente: Nueva Crónica y Buen Gobierno (1615), el libro de quejas y protestas dirigido al rey Felipe III que escribiera Guamán Poma de Ayala sirviéndose de cuatrocientas viñetas más el texto en español.


En un contexto más reciente, donde se podrían situar los orígenes del medio, Merino subraya la literatura popular del XVIII y XIX, los pliegos de cordel, las aleluyas, en la génesis de la temática que luego desarrollaría el cómic, tomando el gusto popular por el costumbrismo que es una de las temáticas básicas de la historieta. A continuación se vincula la aparición de la historieta en prensa, soporte esencial para su consolidación y difusión masiva. Hay cierto consenso en afirmar que los trabajos del suizo Rodolphe Topffer (1833) o del alemán Wilhelm Busch, que creó en 1865 los personajes Max y Moritz, son las primeras manifestaciones de historieta en sentido moderno. Luego vendría en la prensa estadounidense Yellow Kid (1895) y The Katzenjammer Kids (1897).

Seguidamente, elabora un resumen de las posiciones teóricas que han tratado de analizar el cómic, mencionando los estudios marxistas (Dorfman y Mattelart), el enfoque semiótico (Eco), la perspectiva estructuralista (Kolp), la psicoanalítica, los estudios culturales (Foster) y finalmente los enfoques post-estructuralistas y post-modernistas. No menciona sin embargo los estudios sociológicos, como el realizado por Juan Antonio Ramírez en su estudio La historieta cómica de posguerra (1975), que además es un trabajo encomiable de clasificación de la historieta de posguerra. La autora sitúa su estudio en un enfoque histórico-cultural, reivindicando las posibilidades ideológicas y la expresividad narrativa del cómic dentro de cada cultura autóctona.

La segunda parte se centra en análisis concretos en los citados países. En España estudia la figura de Escobar y dos de sus producciones más famosas: Carpanta y Petra, criada para todo. En el capítulo dedicado a Cuba, se centra en la pareja Martínez y Behemaras, creadores del personaje Pucho en la clandestinidad y de Supertiñosa como contrapunto al superhéroe americano y en periodo revolucionario. También analiza la popular historieta Elpidio Valdés de Juan Padrón y la infantilización de la historieta en Cuba. Cuando pasa a México, trata dos artistas, Vargas y Rius, enfocándose en el carácter costumbrista de sus producciones: La Familia Burrón y Los Supermachos. Finalmente, el capítulo dedicado a Argentina se centra en la figura de Oesterheld, el mejor guionista de la historieta argentina y su obra Mort Cider, dibujada por el otro maestro argentino Alberto Breccia.
Finalmente, menciona cuatro vertientes del cómic que pueden sobrevivir la consabida crisis del cómic en la actualidad con el poderío de las tecnologías virstuales: el cómic documental, el cómic autobiográfico, el cómic erótico y la novela gráfica.
Merino, Ana. El cómic hispánico. Madrid: Cátedra, 2003


Obras como El cómic hispánico , como Viñetas a la luna de Valencia. La historia del tebeo valenciano 1965-2007 (2007) de Álvaro Pons, Pedro Porcel y Vicente Sorní (que comenté no hace mucho), como cualquiera de las publicadas por Antonio Martín, como el mastodóntico e imprescindible Atlas español de la Cultura Popular. De la historieta y su uso, 1873-2000 de Jesús Cuadrado, etc, ayudan a abrir los ojos (a quien los tenga cerrados) sobre el cómic y su espacio en la cultura de habla hispana.

2 comentarios:

Quique dijo...

Virgen santa!

Pero que intelectual nos ha salido! Y yo que creia que esto era un blog para hablar de "tebeos chulos" y ahora usted me sale con que si la abuela fuma, la semiotica y la busqueda del ultra yo.

Para empezar, deje de ser tan prolifico en su posts, que me avergüenza! Parece que se aburre mucho allá por la pérfida Albion.
Yo aun tengo la saga de Polaina para continuar, sin ir mas lejos. A ver si me pongo...

Consejo, visite la web del dibujante de comics argentino Eduardo Risso (creador de mi idolatrada "100 Balas") y vea entre otras cosas la sección de "art for sale". Se le caerá la babita...

http://risso.redsectorart.com/

Jorge dijo...

Sin pecado concebida!

quique, esto ES un blog para hablar de "tebeos chulos" aunque tengo que justificar de alguna forma la beca que me han dado para hacer el doctorado ;)

y usted a continuar la serie de Polaina que al pobre le debe haber crecido ya la barba de tanto esperar!

Ahora me paso por la web de Risso...