lunes, 24 de septiembre de 2007

Historia del Humor Gráfico en Cuba


En el largo camino emprendido hace unos años por la editorial Milenio y la Fundación Universidad de Alcalá, nos llega el séptimo libro, dedicado a la Historia del Humor Gráfico en Cuba. Lo firman Arístides Esteban Hernández (Ares) y Jorge Alberto Piñero (Jape). Dos nombres sobresalientes en el humor gráfico contemporáneo, Ares como caricaturista e investigador del medio y Jape como escritor, periodista y redactor del dedeté. Este libro supone la culminación de una investigación exhaustiva y rigurosa no solo en bibliotecas y archivos (como la Biblioteca Nacional José Martí, el Archivo Nacional de Cuba, el Museo del Humor de San Antonio de los Baños), en revistas y periódicos (Palante, dedeté, Bohemia, Juventud Rebelde), sino también a través de entrevistas, charlas y reuniones con una nutrida representación del humorismo gráfico cubano entre los que figuran Ajubel, Blanquito, Nuez, Rius o Wilson (fallecido recientemente).

La obra está dividida en cuatro capítulos: I Los orígenes, II Siglo XIX, III 1902-1959 La caricatura: cubana a cara descubierta y IV Humor de la Revolución.

En su conjunto el libro es un trabajo de investigación brillante por lo que supone para la historia del humorismo gráfico en Cuba. Un libro de estas características no existía, ya que las aproximaciones a dicho estudio se habían centrado en autores concretos como el excelente libro de la profesora Adelaida de Juan Caricatura de la República (1982). El trabajo de Ares y Jape tiene un carácter clasificatorio y quiere dar cuenta de los inicios y el desarrollo de una producción cultural arraigada en lo cubano y que se ha traducido en una nómina de autores extensísima con reconocimientos a nivel internacional a lo largo de su historia.

Resulta curiosa la lectura de los orígenes y las dificultades para fechar la primera caricatura producida en Cuba, que los autores remontan a 1833, cuando apareció una caricatura que reflejó las rencillas entre el fundador de la ciudad de Cienfuegos, Luis D´Clouet y los hacendados que le apoyaban, con el cabildo de Trinidad (al cual pertenecía Cienfuegos) y sus simpatizantes.

Del mismo modo el espacio dedicado a las marquillas cigarreras es interesantísimo por el desarrollo tan grande que tuvo la caricatura a través de las envolturas litografiadas de los paquetes de cigarrillos. Hay que tener en cuenta que en 1848 “existían en Cuba 232 fábricas de tabacos y 180 fábricas de cigarrillos, que tenían la necesidad de diferenciarse claramente entre sí”.

Una lectura muy recomendable para entender el desarrollo del humor gráfico en Cuba, pero ojo, no es un libro sobre la historia de la historieta en Cuba, aunque se toque de manera tangencial. Ah, el precio son 13 euros.